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jueves, 19 de octubre de 2023

Cómo transformar una idea exegética en un bosquejo predicable



Nada caracteriza más a un adolescente sin entendimiento que el hábito de hacer comentarios sin sentido que le parecen graciosos. Quizás también lo hicimos a esa edad, y pudo ser gracioso a nuestras mentes precoces; pero si, en efecto, hemos madurado, ahora no podemos sino considerarlo estúpido. Por el contrario Dios es un Dios de propósitos. El no hace ni dice algo que no tenga alguna finalidad. De ello aprendemos que una idea que no es dicha con un propósito no tiene razón de existir.

Pero, en cuanto al propósito de la idea, nos surge una pregunta, ¿qué es? Sencillamente, es lo que quieres lograr con la idea que estás transmitiendo. Es la respuesta a la pregunta: ¿para qué digo lo que estoy diciendo? Un buen consejo es que si no tienes para qué decirlo, mejor no lo digas. Esto es especialmente cierto en el púlpito. Debes querer lograr algo con la idea que compartes: provocar alguna reacción, cultivar la reflexión o producir un cambio en la persona que te escucha.

El propósito y el desarrollo de la idea

Ahora bien, para lograr el propósito de una idea debes saber desarrollarla. Imagina que pasas al púlpito y dices: “Recordar la soberanía de Dios te fortalece en la adversidad”; luego te bajas y regresas a tu banca. En tal caso, no expusiste ninguna idea, ¡solo la recitaste! Pero si buscas que esa idea se grabe en la mente y traspace el corazón del oyente, debes decir unas cuantas palabras más, debes aprender a desarrollarla. Por ello, en este artículo te comparto cuatro pasos para desarrollar una idea que alcance su propósito.

1) Obten la idea

Una antigua receta de un plato de conejo silvestre comienza con el paso: “caza el conejo”. ¿Es obvio no? Este paso es sencillo en cualquier otra materia. Tan solo toma una idea con potencial y comienza a desarrollarla. La cosa se complica cuando tratas con la Biblia porque la idea que vas a desarrollar no es tuya. Así que debes tomar el arduo trabajo previo de entender bien cuál es esa idea y propósito del autor bíblico (el humano y el Divino), luego contextualizarlo para que obtengas el propósito de esa misma idea para la audiencia moderna, y después desarrollarla de tal modo que alcance ese propósito. ¿Suena más complicado verdad?

Bueno, en palabras simples. Primero entiende lo que el autor dijo en su contexto y para qué lo dijo; para que entonces sepas qué decir en tu propio contexto y para qué vas a decirlo.

Si ya tienes el conejo, sigamos con la receta. El segundo paso para desarrollar una idea que alcance su propósito es el siguiente.

2) Define lo que harás con la idea

Desarrollar una idea es simplemente lo que haces con ella para alcanzar su propósito. La pregunta es ¿qué puedo hacer con ella? Existen solo cuatro alternativas: repetirla, explicarla, ilustrarla y aplicarla.

Ahora bien, de las cuatro alternativas solo una no te sirve para desarrollar una idea, que es: repetirla. Sería absurdo que el tema de tu mensaje sea: “La Omnisciencia de Dios y tus dificultades, y luego tus puntos sean 1)La Omnisciencia de Dios abarca tus dificultades, 2) Tus dificultades están dentro de la Omnisciencia de Dios y, 3)Dios conoce también tus dificultades. ¡Estarías diciendo lo mismo! Puedes usar la repetición dentro del mensaje para dar énfasis a alguna idea, o destacar alguna frase importante; pero repetir una idea no es desarrollarla. Eso nos deja con solo tres alternativas para desarrollar la idea: explicarla, ilustrarla o aplicarla. Si logras aprenderlas, tu forma de escuchar o leer cualquier discurso cambiará, pues te darás cuenta que todo lo que cualquier autor hace es desarrollar sus ideas en una de esas tres formas.

Pero, ¿Cuál de las tres elijo? Bueno, es el propósito, no tú, el que determina lo que harás con la idea.

Explicarás cuando el propósito es que la audiencia entienda cierta verdad, o que sepa cómo hacer algo, o también argumentar sobre la veracidad o la importancia de cierta idea; tiene que ver con aumentar la comprensión del oyente sobre el tema.

Ilustrarás cuando desees que la idea se grabe en la mente del oyente. Ilustrar tiene que ver con traer luz a la verdad que estás presentando. A veces una ilustración puede más que mil explicaciones. Una habitación puede ser muy hermosa, pero si no tiene luz jamás verás su belleza. Contar una ilustración es como abrir las cortinas para que la luz entre y puedas ver el hermoso aposento. Para ilustrar una idea se pueden dar ejemplos, anécdotas, metáforas, analogías, parábolas, etc. Tiene mucho que ver con narrar o contar historias. Entonces, si el sermón va principalmente a ilustrar la idea, probablemente será narrativo donde se cuente una historia, o biográfico donde el ejemplo de los personajes bíblicos nos graben la idea en la mente y en el corazón. Con una ilustración no entiendes la idea, la vives en los zapatos del personaje.

Por su parte, aplicarás cuando el autor aplique; esto es, cuando trate problemas de la vida que se relacionen con los de hoy. Si trata el problema de la tristeza, tú tratas con la tristeza. Como he dicho, el pasaje bíblico te mostrará cómo debes desarrollar. Si el autor explica, tú explicas; si ilustra tú ilustras; si aplica, tú aplicas. También puedes aplicar cuando la idea sea breve y profunda. A veces, el autor nos deja simplemente una idea magistral. Es tan asombrosa que no sabes qué hacer con ella. Es un buen momento para aplicar. Un ejemplo es 2 Corintios 5:21: “De modo que si alguno está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas”. Podrías explicarlo si lo deseas, pero esta idea poderosa demanda también que ademas de entenderla sepamos cómo aplicarla en nuestras vidas. Un posible desarrollo sería: 1) Eres hecho nueva criatura en tu conversión, 2)Estás siendo hecho nueva criatura en tu santificación y, 3) Serás hecho nueva criatura en tu glorificación. Todo eso no viene explícito en el pasaje, pero si está en la Biblia. El predicador Steven Lawson tiene un sermón asombroso sobre Romanos 11:36 donde desarrolla la idea de esta forma, te lo recomiendo.

Ahora bien, tu sermón seguirá uno de esos tres rumbos principalmente, dependiendo del propósito. Recuerda, si quieres que entiendan, explicas; si quieres que lo graben, ilustras; y si quieres que lo vivan, aplicas. Repito, debes elegir una de las tres principalmente. Sin embargo, usarás las cuatro alternativas (incluyendo repetir) en distintos momentos a lo largo de todo el desarrollo. Míralas como herramientas que te servirán para traer comprensión, claridad o relevancia a cada idea, según se necesite.

Ya que conoces los tres rumbos de desarrollo, vayamos al tercer paso para desarrollar una idea que alcance su propósito.

3) Convierte la idea en tema

Una idea en sí misma no puede desarrollarse, por lo menos no estando en forma de idea. Para que pueda desarrollarse, la idea debe convertirse en tema.

Si leíste el artículo anterior, recordarás que la idea se forma de un tema y un complemento, unidos por un verbo principal. Por ej. “Los cristiano aman la venida de Cristo”. Ahí, el tema es “Los cristianos”, el complemento es “aman la venida de Cristo”, siendo el verbo principal “aman”. Pero si queremos desarrollar esa idea debemos convertirla en tema, quedaría algo como: “El amor de los cristianos por la venida de Cristo”. ¿Notaste la diferencia? Primero hice una afirmación con una idea completa. Pero ahora se convirtió en un tema que necesita un complemento... un tema que necesita ser desarrollado. Otros ejemplos son…

  1. La vida puede cambiar en cuestión de segundos
  2. La posibilidad de que la vida cambie en cuestión de segundos

  1. La belleza de Cristo supera lo terrenal
  2. La superioridad de la belleza de Cristo sobre lo terrenal

  1. La sabiduría de Dios no puede incrementar
  2. La imposibilidad de que la sabiduría de Dios incremente

Si lo notaste, el verbo principal a menudo se convertirá en el énfasis del nuevo tema, tan solo hay que transformarlo en sustantivo (amar-amor, superar-superioridad, abrir-apertura, etc.). No siempre es igual de sencillo pues hay verbos que no suenan muy bien como sustantivos, no son conocidos por la audiencia y no los entenderán o, bien, no se pueden transformar. En cuyo caso hay que buscar la manera de representar el sentido de la idea en el nuevo tema. Bien usando un sinónimo o agregando palabras que den a entender el tema. Por ej.

  1. Las falsas doctrinas eluden el hablar de Cristo
  2. La evasión de las falsas doctrinas de hablar de Cristo (”evasión”, sinónimo de “elusión”)
  3. El rasgo de las falsas doctrinas de eludir el hablar de Cristo.

Notarás que puedes formular el nuevo tema de diferentes maneras. Mientras más claro y conciso mejor.

Pero hay un problema, aún ahora no se puede desarrollar ese nuevo tema, necesitas agregar el último paso para desarrollar una idea que alcance su propósito.

4) Convierte el tema en pregunta con un pronombre interrogativo

El tema puede expresarse en forma de afirmación o de pregunta. Si el tema se formula como pregunta, el complemento la responde. Si el tema se escribe como afirmación, el complemento completa la idea.

Por ej.

1. Celebrar la Navidad (tema) es recibir el regalo de Jesús (complemento)

2. ¿Qué es celebrar la Navidad? (tema en forma de pregunta) Es recibir el regalo de Jesús (complemento en forma de respuesta)

Establecer un tema en forma de pregunta primero, puede ayudarte a identificar un tema específico. Lo cual es importante ya que no puedes usar un tema general para tu mensaje. Si dices: voy a hablarles acerca de "El Perdón", la pregunta sería, ¿Vas a decir todo lo que está relacionado con el perdón? o ¿Expondrás todo lo que la Biblia dice sobre el perdón? Sería una meta imposible para un sermón, ¡o para una vida! Mejor inicia con preguntas específicas que luego puedes reformular como afirmación si lo deseas.

Para entender esto mejor, usaremos los ejemplos de temas del paso anterior para transformarlos en preguntas:

  1. La vida puede cambiar en cuestión de segundos (idea)
  2. La posibilidad de que la vida cambie en cuestión de segundos (tema)
  3. ¿Puede la vida cambiar en cuestión de segundos? (pregunta)

  1. La belleza de Cristo supera lo terrenal (idea)
  2. La superioridad de la belleza de Cristo sobre lo terrenal (tema)
  3. ¿Supera la belleza de Cristo lo terrenal? (pregunta)

  1. La sabiduría de Dios no puede incrementar (idea)
  2. La imposibilidad de que la sabiduría de Dios incremente (tema)
  3. ¿Puede la sabiduría de Dios incrementar? (pregunta)

Sin embargo, aún ahora el tema no puede desarrollarse. Falta esa pieza clave: agregar a la pregunta un pronombre interrogativo. Existen sólo siete: qué, quién, cómo, cuándo, dónde, por qué y para qué.

Si se hace la pregunta sin pronombre interrogativo, no se puede desarrollar la idea en puntos, pues la respuesta a dicha pregunta siempre es: sí no. Por ej., si el tema es: “¿Puedo desarrollar la paciencia en mi vida?”. La respuesta inevitable es sí, o no; y ahí termina la conversación. No puedes desarrollar en puntos un tema así.

Para desarrollarlo en puntos basta con agregarle cualquier pronombre interrogativo. Por ej.:

  1. ¿Qué es poder desarrollar la paciencia en mi vida?
  2. ¿Quién puede desarrollar la paciencia en mi vida?
  3. ¿Cómo puedo desarrollar la paciencia en mi vida?
  4. ¿Cuándo en (o en qué momentos de) mi vida puedo desarrollar la paciencia?
  5. ¿Dónde puedo desarrollar la paciencia en mi vida?
  6. ¿Por qué sí puedo desarrollar la paciencia en mi vida?
  7. ¿Para qué puedo desarrollar la paciencia en mi vida?

¿Lo ves? Eso expande las posibilidades, pues cada una de esas preguntas es un tema diferente que se puede desarrollar. Las respuestas a cada pregunta serán los complementos que constituirán los puntos del sermón. Por ej.:

¿Cómo puedo desarrollar la paciencia en mi vida?

1)Soportando las tribulaciones

2)Esperando en Jehová

3)Pidiendo a Dios paciencia.

Repito, la pregunta es el tema a desarrollar y las respuestas o complementos serán los puntos en que se desarrolla el sermón.

Puedes ahora, si deseas, transformar esa pregunta en afirmación; algo como: “La manera de desarrollar la paciencia en mi vida". Esa sería la forma definitiva del tema si lo deseas presentar como afirmación.

En cuanto a qué pronombre interrogativo usar: eso te lo dirá el rumbo que tome la idea. Si el autor explica la razón de algo, puedes usar “por qué” o “para qué”; o si la forma de hacer algo, usarás “cómo”; si describe algo, puede servirte el “qué”. Hablaremos más sobre esto en un artículo posterior.

Conclusión

Para terminar, recapitulemos con un ejemplo: Lo primero es obtener una idea (sacada de la Biblia con mucho esfuerzo previo). Digamos... “Pablo puede predicar el evangelio con mucha seguridad” (idea extraída de 2 Corintios 4:3-6). El segundo paso es encontrar el rumbo de esa idea: aquí el autor les explica a los lectores “por qué siente esa seguridad”. Conociendo eso, lo siguiente es convertir la idea en tema: “La capacidad de Pablo de predicar el evangelio con mucha seguridad”. Para entonces, convertir el tema en pregunta con un pronombre interrogativo: “¿Por qué puede Pablo predicar el evangelio con mucha seguridad? Esa pregunta ya se puede desarrollar con las tres respuestas que da el pasaje: 1) Porque predica a Jesucristo como Señor, 2)Porque sirve como Cristo, y 3)Porque ha visto la gloria de Cristo. Finalmente, puedes pasar el tema a forma de afirmación: "La razón por la que Pablo puede predicar con mucha seguridad”. Cualquiera de los dos puede ser la forma final del tema.

Con el tiempo puedes saltarte algunos pasos. Si ya tienes una idea y conoces lo que el autor hace con ella para alcanzar su propósito, no tienes que convertirla primero en tema y luego pregunta, etc.. Simplemente puedes convertirla de forma de idea a su forma final de tema en un solo paso. Pero siempre te servirá entender el proceso lógico que tu mente lleva a cabo cada vez que quiere desarrollar una idea. Te lo aseguro, entender esto te servirá mucho. Así que no te quedes aquí; sigue profundizando sobre esta maravilla de la ingeniería Divina en la mente humana.

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Aprendiendo a reconocer la idea central de un texto

 


¿Qué harías si un día te piden recoger a una persona en el aeropuerto internacional de Houston, y llegando ves cientos de rostros moviendose de aquí para allá, y toda la información que te dieron fue que a quien tú buscas es hombre y tiene cachucha? ¿Sería un lío no? Ahora experimentas un poco lo que sienten muchos jovenes predicadores a quienes les piden que encuentren la idea principal de un texto bíblico, pero al no saber cómo es que luce una idea, no tienen ni idea de cómo reconocerla en el texto.

Entonces, aprender a identificar una idea se vuelve muy importante para entender cualquier escrito. De hecho, no solo sucede con la escritura, abarca todas las áreas del conocimiento. La palabra idea en sí viene del término griergo “eido”, que significa “ver” y, por consiguiente, “conocer” (por eso cuando entendemos una nueva idea decimos: “¡Claro, ya veo lo que quieres decir!”). Es decir, no podemos conocer si no es por medio de ideas. Sin la habilidad de reconocerlas, seríamos como bestias que viven solo por impulsos, que no llegan a entender aquello que viven. Como escribió Haddon W. Robinson: “A través de las ideas damos sentido a las partes de nuestra experiencia”.

¿Cómo identifico la idea del texto?

Aunque a veces las ideas son difíciles de expresar, el predicador siempre debe saber cómo hacerlo, pues si una idea no se expresa en palabras, no puede ser transmitida. Y un predicador que no sabe cómo transmitir sería como un cantante que no sabe cantar, o un chef que no sabe cocinar. Y para ello, primero debe saber reconocerlas. Por eso te presento cuatro aspectos que debes conocer de la idea para saber cómo identificarla en un texto.

1) Su función en la comunicación

La idea es la unidad básica del pensamiento, así como la célula es la unidad básica de la vida. Según un sitio web del gobierno de Canarias, la célula “es la parte más simple de la materia viva capaz de realizar por sí misma las funciones vitales básicas de los seres vivos”; de la misma manera, la idea es la parte más simple del pensamiento, capaz de realizar por sí misma las funciones básicas de la comunicación. Dicho de otra manera, podemos comunicar pensamientos solo a partir de ideas. Y repito, sólo a partir de ideas.

Antes dije que debemos saber expresar las ideas con palabras; pero no debemos pensar que las palabras por sí mismas comunican pensamientos. Los pensamientos se mueven al nivel de las ideas, no de las palabras. La única manera en que una palabra comunique pensamientos es que la relacionemos con alguna idea. Por ejemplo, la palabra "viene", no dice nada por sí misma; pero si la relacionamos con la idea completa "alguien viene hacia acá", o "ya viene la persona que estamos esperando", entonces la palabra adquiere significado. Para comunicar pensamientos necesitamos que las palabras formen ideas.

Para ilustrarlo, si nuestra mente es un arma, las palabras son pólvora, pero la idea es la bala. No creo que arrojar pólvora con la mano sobre alguien le afecte mucho; pero si metes la pólvora en una bala bien diseñada y la disparas con el arma de tu mente, lograrás un gran efecto.

Si nuestra mente es un arma, las palabras son pólvora, pero la idea es la bala.

Así que, no importa si tienes un vocabulario extenso o si sabes leer 1,500 palabras por minuto; si no sabes reconocer las ideas que estas forman, no adquirirás ningún conocimiento.

Ya veo —pensarás—, “ya voy agarrando la idea”, ¡pero aún no sé cómo reconocerla! Tranquilo, ya por lo menos sabes que debes buscarla entre ese montón de palabras sin sentido. Ahora pasemos al segundo aspecto que debes saber de la idea para saber cómo identificarla en un texto.

2) Su significado

Aunque podríamos acudir a la RAE, o a otros diccionarios. Prefiero darte una definición más sencilla. En palabras simples, la idea es lo que estás diciendo acerca de algo. En todo tipo de comunicación, desde el artículo de blog más breve, hasta el discurso más elaborado, todo finalmente se reduce a compartir y desarrollar una idea. El autor dice algo acerca de algo. A su vez, todo lector eficaz sabe que si un libro es bueno, aunque contenga muchas páginas, su contenido debe poder expresarse en unas cuantas palabras: una sola idea.

Existen diferentes términos para referirse a ella. Algunos la llaman concepto, punto, proposición, afirmación, enunciado, premisa, etc. Si bien, cada uno puede usarse en diferentes contextos, todos son sinónimos para referirse a lo mismo. Lo importante es que si escuchas a alguien más usando alguno de esos términos sepas que está hablando de lo mismo.

Ya que definimos el asunto, pasemos a entenderlo de una manera más práctica. El tercer aspecto de la idea que necesitamos para saber identificarla se refiere a...

3) Las partes que la componen

Una idea se compone de tema y complemento. El tema te dice acerca de qué está hablando la idea, y el complemento te dice qué está diciendo acerca del tema del que está hablando. Por ej., en la frase: "la oración del cristiano hace la diferencia", el tema del que se está hablando es: "la oración del cristiano"; mientras que el complemento sería "hace la diferencia", pues eso es lo que la idea nos está diciendo acerca del tema.

Tal vez esto nos recuerda a nuestras clases de español de la escuela. Ahí nos enseñaron que una oración se compone de sujeto y predicado (el sujeto lleva a cabo la acción y el predicado es la acción que lleva a cabo el sujeto). Pues bien, una idea en la comunicación equivale a una oración en la gramática. El tema equivale al sujeto, y el predicado al complemento. De hecho algunos predicadores usan la palabra “sujeto” para referirse al tema del pasaje. Aquí es importante resaltar que una oración gira al rededor de un verbo principal, lo mismo que la idea. Para encontrar ideas servirá identificar esos verbos principales que unen el tema con el complemento.

Ahora bien, si le cambiamos el complemento a un tema, terminamos con una idea completamente diferente. Por ej. (tomando el tema del ejemplo de arriba): "La oración del cristiano es una virtud que Dios otorga". En ese caso el tema se mantuvo y ,por tanto, guarda relación con el primer ejemplo (”la oración del cristiano hace la diferencia”), pero al sustituir el complemento, la idea sin duda cambió.

Por ello, ambas partes son indispensables. Para que una idea esté completa deben estar presentes ambas; si alguna de las dos falta, no hay una idea que expresar. No puedo llegar con alguien y decirle: "la oración del cristiano", porque me dirá "¿qué hay con eso?" (falta complemento). Y si solo le recito: “hace la diferencia”, me dira “¿de qué me estás hablando?” (falta el tema). Repito, una idea está entera solo si tiene tema y complemento.

Ahora pasemos al último aspecto de la idea que debes conocer para identificarla en un texto, pero que vuelve el asunto más complicado.

4) La forma que toma en el texto

Si todas las ideas se expresaran de forma sencilla como los ejemplos anteriores, sería bastante fácil reconocerlas. Sin embargo, no suele ser así. Al enfrentarte a un texto para entenderlo, encontrarás muchas veces que no hay una oración que te indique la idea principal. Un ejemplo es el Salmo 117:

“Alabad a Jehová, naciones todas; pueblos todos, alabadle. Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia, y la fidelidad de Jehová es para siempre. Aleluya”.

Podríamos pensar que el tema principal de ese texto es “alabar a Jehová”, pero eso sería demasiado amplio, porque el salmo no habla todo lo que tiene que ver con alabar a Jehová. Entonces, si es más específico ¿podría ser acerca de “la fidelidad de Jehová”? Bueno, no; porque ese tema no encierra todas las partes del texto, no puedes usarlo como un elemento unificador porque sencillamente el énfasis del texto no está ahí. Un tema principal más adecuado (aunque, como dijimos, no se encuentra explícito) es “La razón por la que todos deben alabar a Jehová”. Ese tema conecta dos ideas del texto: 1) porque su misericordia es grande y, 2) porque Su fidelidad es eterna. Con ese tema cada idea se unifica dentro de un todo coherente, y las ideas completas quedarían como sigue:

1) La razón por la que todos deben alabar a Jehová es Su gran misericordia

2) La razón por la que todos deben alabar a Jehová es Su fidelidad eterna

De modo que un tema debe ser tan específico que detalle exactamente lo que el autor está diciendo y nada más, y tan amplio que no deje fuera ninguna de las partes del texto.

Para esto debes aprender a tomar en cuenta el contexto literario e histórico, la gramática, la estructura o flujo de pensamiento, y cuantas herramientas te sirvan para encontrar un tema que (puedes estar seguro) no te estará esperando en la superficie.

Conclusión

Ahora que ya has aprendido un poco más del asunto, no te detengas. Hazte experto en entender la idea: Su función en la comunicación, su significado, las partes que la componen y la forma que toma en el texto. Como un cazador, mantente alerta y cuando veas su silueta entre los matorrales de palabras, captúrala sin más. Recuerda que jamás llegarás a penetrar en el pensamiento de ningún autor a menos que sepas identificar los conceptos que sus palabras articulan.

viernes, 23 de junio de 2023

Por qué predicar sólo expositivamente

 


El pecado gana fuerza en nuestra cultura, la cosmovisión irracional se impone como verdad; la violencia, el engaño y la blasfemia se normalizan. Al pensar en esto, recordamos que necesitamos más predicadores, más púlpitos, más sermones para que la Palabra de Dios fluya y haga su obra. Faltan hombres valientes que se levanten a proclamar la verdad de Cristo. Sin embargo, aunque esto es cierto, estamos ignorando que el mayor problema no es la ausencia de sermones de la Palabra, sino la ausencia de Palabra en los sermones.

Esta desesperación por más predicadores, ha llevado a la iglesia a bajar los estándares y aceptar cualquier clase de predicación como buena. Pero, ¿todos los tipos de predicación son buenos? ¿es un asunto de estilos y preferencias? La respuesta a estas preguntas podría determinar el estado de la iglesia del mañana.


Una Defensa del Método Expositivo

Yo sostengo que aunque hay diversos tipos de sermón, hay solo un tipo de predicación válido: la predicación expositiva. En los siguientes párrafos deseo mostrarte que no es un asunto de preferencias. Para ello, te presento cuatro argumentos lógicos que demuestran que siempre debemos predicar expositivamente.

1) Predicar es proclamar el mensaje del Rey

"Kerusso" es la palabra bíblica griega que designa el verbo "predicar". Se refiere al acto de proclamar como un heraldo el mensaje del rey. ¿Cuántos no recordamos esa imagen en películas medievales? Un heraldo se para en medio del gentío, abre un edicto real y lo lee con voz fuerte a oídos de todos. Los heraldos eran servidores que recorrían el reino proclamando lo que el rey les había mandado que dijeran. Esa es la imagen con que la Biblia representa al predicador. Es más, ese es el carácter que la Biblia da al predicador.

Para ser heraldo se requería, por supuesto, tener un mensaje de parte del Rey; y después, ser fiel al mensaje. No podemos imaginarlo cambiando palabras: omitiendo una aquí, agregando otra allá. Las consecuencias habrían sido terribles... para el reino, ¡y para su propia cabeza! Por ahora debemos entender algo: el predicador, como heraldo, debe ser fiel al mensaje que Dios le da. Ante todo, su principal labor es declarar todo el consejo de Dios (Hechos 20:27). No enseña a su antojo. Cualquiera que sea su audiencia debe poder decir con Pablo "de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias" (1 Corintios 4:17). Un solo mensaje, el mensaje del Rey.

Pero, ¿Cómo obtengo ese mensaje de parte de Dios? ¿Podría orar para recibir en sueños una revelación y así proclamarla a otros? La respuesta es un rotundo no; lo que nos lleva al segundo argumento.

2) El Rey habla solo a través de la Biblia

En la historia, Dios usó a hombres selectos para que escribieran Sus palabras. Esas palabras tienen un carácter sagrado, pues son Palabra de Dios. En el Antiguo Testamento, Dios hablaba por medio de sus profetas. Cuando llegó el tiempo del Nuevo Testamento, Dios habló directamente a través de Su Hijo, Jesucristo (Hebreos 1:2), quien es la Palabra encarnada (Juan 1:1,14). Mientras estaba en la tierra, Él habló todo lo que el Padre quería que dijera. Sus palabras eran las palabras del Padre (Juan 5:24; 7:16). Cuando Jesús resucitó y ascendió al cielo, usó también hombres (apóstoles y profetas del Nuevo Testamento) para que transmitieran su mensaje y lo redactaran .

Desde el apóstol Pablo, ningún cristiano ha recibido enseñanza alguna del Señor fuera de lo que ellos escribieron.

Estos apóstoles y profetas establecieron el fundamento mismo de lo que creemos (Efesios 2:20). Dios los usó especialmente para sentar las bases de la fe y práctica cristianas (Efesios 3:5), pues fueron sus testigos oculares: los que estuvieron con Él y aprendieron directamente de Él. Es decir, que desde el apóstol Pablo, ningún cristiano ha recibido enseñanza alguna del Señor fuera de lo que ellos escribieron.

Todos estos hombres fueron inspirados por Dios para que escribieran la Biblia sin errores; no por voluntad de ellos, sino del Señor (2 Pedro 1:15-16,19-21). De hecho, el ministerio de profecía ha cesado (Romanos 13:8-10), el Texto Sagrado se completó cuando el apóstol Juan escribió el último libro: Apocalipsis. Poco después, por guía de Dios, la iglesia reconoció aquellos libros que eran inspirados, y se formó así el Canon Bíblico. De modo que la única manera de recibir un mensaje de Dios en la actualidad es por medio de Su Palabra escrita. No más revelaciones privadas, no más sueños ni visiones, solo Biblia. Si queremos proclamar como heraldos el mensaje del Rey, debemos apegarnos, sí o sí, a lo que la Escritura dice. 

Te preguntarás qué tiene que ver esto con la predicación expositiva. Estarás pensando que esto es algo que tú ya crees. Entonces, aunque no sepas predicar expositivamente, tienes una buena base y una buena intención y, por tanto, ya estás listo para predicar. Espera un poco y entenderás que a menos que seas expositivo, no puedes predicar en lo absoluto. Si predicar es proclamar el mensaje del Rey, y ese mensaje proviene solo de la Biblia el tercer argumento viene de forma natural.

3) Predicar es exponer la Biblia

Aquí hay una palabra clave: exponer. Cuando predicas de verdad, estás exponiendo. Y es que cuando no expones la idea del texto, impones la tuya; no hay otra opción. Las palabras griegas para esto son exégesis y eiségesis. Exégesis significa extraer del texto lo que realmente está ahí, te guía a exponer. Eiségesis, por su parte, significa poner en el texto algo que no está ahí.

El reconocido predicador Charles Simeon describía su convicción de la siguiente manera:

Mi esfuerzo consiste en sacar de la Escritura lo que está ahí, y no meter lo que pienso que podría estar ahí. Tengo un gran celo en esta cabeza; nunca hablar más o menos de lo que creo que es la mente del Espíritu en el pasaje que estoy exponiendo.

Eso demuestra una mente preocupada por ser fiel a la Palabra de Dios, como un heraldo. Hay que ser sinceros y reconocer que somos propensos a imponer nuestras propias ideas sobre el texto. Mentirías si dijeras que no. De hecho, serías más propenso al negar un defecto que todos compartimos.

De modo que, todos tus esfuerzos deben concentrarse en esto siempre: hacer a un lado tus propias ideas, y entender y exponer la idea del texto; eso es predicación expositiva. Haddon W. Robinson, en su libro "La Predicación Bíblica", lo describe así:


La predicación expositiva es la comunicación de un concepto bíblico, derivado de, y transmitido por medio de, un estudio histórico, gramatical y literario de cierto pasaje en su contexto, que el Espíritu aplica, primero, a la personalidad y la experiencia del predicador; y luego, a través de este, a sus oyentes.


Es un concepto, una idea sola, lo que debes extraer y exponer; la misma idea que contiene el texto (hablaré más de esto en el siguiente artículo). Mark Dever lo simplifica aún más: 

"Predicación expositiva es la predicación en la cual el principal punto del texto bíblico que se considera llega a ser el principal punto del sermón que se predica, y se aplica a la vida actual".

En resumen, debes procurar con todas tus fuerzas, como escribe John MacArthur: "predicar de tal manera que el significado del pasaje bíblico se presente completa y exactamente como Dios quería"Por lo tanto, no puedes predicar bien si no lo haces expositivamente. O predicas expositivo, o impones tus ideas.
 
Ahora bien, existen, en general, tres formatos de sermón: expositivo, temático y narrativo. Los tres son válidos, dependiendo de la forma en que el texto desarrolla la idea. De lo que hablo cuando digo que toda predicación debe ser expositiva, no es del formato, sino de su carácter, naturaleza o esencia. De modo que, los sermones temáticos y narrativos también deben ser de carácter expositivo (para mayor comprensión lee el artículo sobre ese tema).

Te darás cuenta de que predicar así es cosa difícil. Pero vale la pena si al final quieres escuchar esa bella voz que te dice: "bien, buen siervo y fiel..." (Mateo 25:21). Así te comparto el cuarto y último argumento.

4) Exponer es ser fiel a la Biblia

Si la Biblia es inspirada e inerrante (y lo es), demanda que seamos fieles a ella. No podemos lograr eso, si no exponemos su mensaje. Es el mensaje del Rey, no el nuestro. Somos heraldos y nuestra tarea es exponer.

Pablo entendía muy bien este punto. Por eso dice: "Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios" (Hechos 20:24, énfasis añadido). Su meta suprema, más allá de su supervivencia, era ser fiel a proclamar el mensaje. Esa es la meta del predicador. Quiera Dios que podamos decir con el apóstol: "Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios" (Hechos 20:26b-27). Quiera Dios que al final seamos hallados fieles.

Conclusión

Los problemas actuales no se resolverán con más predicadores en los púlpitos, sino con más Biblia en los sermones. La buena predicación siempre debe ser expositiva, porque predicar es proclamar el mensaje del Rey y, dado que el Rey habla solo a través de la Biblia, y que predicar es exponer la Biblia, solo exponiéndola así, puedes aspirar a ser fiel.

jueves, 8 de junio de 2023

Por qué Predicar Bien Sí Importa

Predicar bien sí importa


Entre los años 1921 y 1923, Dios llamó a un joven médico a dejar su profesión para dedicarse a predicar la Palabra de Dios, su nombre era Martyn Lloyd-Jones. Poco después de esto, los miembros de una pequeña iglesia en la zona rural de Gales lo invitaron a convertirse en su pastor. Su situación era difícil: carecían de líder, muchos miembros habían abandonado la congregación, y los que quedaban apenas mostraban interés por las cosas espirituales. Lloyd-Jones aceptó el reto, y ni bien comenzó a trabajar cuando notó los problemas que causaban el deterioro de la iglesia. Primero, el programa del servicio dominical estaba abarrotado de obras teatrales, música y cosas semejantes que solo entretenían a la iglesia; la situación era tal que fabricaron un púlpito móvil que hacían a un lado casi todo el servicio, pues la mayor parte se consumía en actividades ajenas a la predicación fiel de las Escrituras. Fue así que el jóven predicador comenzó por atornillar al piso, en el centro del altar, aquel púlpito de madera, eliminó del programa lo que fuese inútil, y dio centralidad a la exposición fiel de la Biblia. Al poco tiempo, la iglesia mostró uno de los mayores crecimientos y actividad evangelística en toda la región. Así mismo, él llegó a conocerse como uno de los mejores predicadores de su época y de la actualidad.

Regresando el púlpito al centro de la vida de la Iglesia

Si estás comenzando a predicar, o estás liderando una congregación, esto te enseña algo valioso: la buena predicación debe ocupar el lugar central en la vida de tu iglesia. Por ello te comparto el siguiente argumento dividido en tres pasos sobre por qué predicar bien sí importa.

1) La Gran Comisión se trata acerca de predicar

Cuando Jesús ascendió al cielo, se aseguró de ser claro con sus discípulos con respecto a qué deberían hacer mientras él regresaba. ¿Cuál fue la misión? "Id y haced discípulos a todas las naciones..." (Mt. 28:19a); y ¿Cómo habían de hacerlo? "Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mt. 28:19b-20). De modo que la tarea es simple (aunque no fácil), haz discípulos, bautízalos y enséñales a guardar todo lo que Jesús te enseñó a ti. Además del bautismo, todo lo demás que tenemos qué hacer tiene que ver con transmitir el mensaje de la Palabra. Ese debe ser el enfoque de toda la iglesia.

Además, si mi tarea es hacer discípulos, ¿cómo se supone que debo hacerlo? Predicando las palabras de Jesús. Cualquier persona que cree en las palabras de Jesús tiene vida eterna y es salvada de todos sus pecados (Jn 5:24). También en Juan 8:31, Jesús le dice a judíos que aparentemente habían creído en Él: "si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos". La misma idea aparece en Juan 15:7-8. De modo que un discípulo es aquel que cree y permanece en la palabra de Jesús. Por la cual, hay que predicarla.

La naturaleza misma de hacer un discípulo es predicar la Palabra de Dios

 

Pero, ¿no pueden solo leer la Biblia y ser salvos? Si pueden. Pero en Su infinita sabiduría y bondad, Dios quiso usarnos a nosotros como proclamadores de Su Palabra. La Biblia afirma que para que una persona crea, debe haber alguien que le predique (Ro 10:13-14, 17). Así que la naturaleza misma de hacer un discípulo es predicar la Palabra de Dios.

Entonces, ¿todo se trata solo de predicar?, ¿no importa que no sepa muy bien cómo hacerlo? En realidad, sí importa, y mucho. Esto nos lleva al siguiente argumento.

2) No basta con predicar, hay que predicar bien

Para que una persona se salve, debe ser capaz de entender bien la Palabra. Es así como lo enseña 1 Timoteo 3:15-17, que afirma que las Escrituras te dan la "sabiduría que lleva a la salvación" (LBLA).  La naturaleza misma de la Biblia nos muestra que sus bendiciones se hacen accesibles a través de la comunicación. La Biblia es la Palabra de Dios, y como tal, debe ser comunicada. Como en los mensajes militares por radio, si el mensaje no se recibe bien, la misión falla y las consecuencias son catastróficas.

Ahora bien, entendemos que, como en todos los medios, existe buena y mala comunicación. 2 Timoteo 2:15 muestra implícitamente que la Palabra puede usarse bien y mal, por eso manda usarla bien. Existe la buena predicación y la mala predicación. Tu tarea es "procurar con diligencia" encontrarte en el grupo de aquellos que predican bien la Palabra. Es cierto que el Espíritu Santo debe obrar directamente en el entendimiento de modo que la persona logre entender y creer el mensaje, y que la persona es responsable de escuchar con atención. Sin embargo, esto no quita la necesidad del instrumento humano usado por Dios de prepararse para la tarea de comunicar bien el mensaje que Dios le da. Esta idea choca con la cosmovisión relativista de la época, donde no hay pensamientos erróneos, solo "perspectivas diferentes". Bajo ese paradigma, no existe la mala predicación, solo diferentes "estilos". Pero el siervo de Dios, cuya regla de fe y práctica es la Biblia, entiende su tarea como un constante perfeccionamiento por comunicar eficazmente el mensaje que recibió. Y no se da por satisfecho con nada menos que eso.

Así que si vas a predicar, predica bien.

 

En términos de Nehemías, "lee el libro de la ley de Dios claramente, y pon el sentido, de modo que las personas entiendan la lectura" (Nh 8:8, énfasis añadido). Es una tarea ardua. No es solo pararse a decir unas cuantas palabras interesantes sobre la Biblia. Debes esforzarte en que la audiencia entienda el significado real de palabras que fueron escritas hace miles de años, a personas distintas, con contextos distintos, en lenguajes distintos. Y después de eso ayudarlos a entender el propósito que esas palabras tienen para sus propias vidas. Pero el resultado vale la pena: personas se salvarán. Así que si vas a predicar, predica bien.

En estos momentos estarás pensando: "es muy fácil decirlo...". Pues tienes razón, no es una tarea nada fácil de llevar a cabo. Yo no te daré un método de "Cinco pasos para predicar bien de forma natural"; hasta ahora no conozco ninguno. Esa dificultad demuestra la idea de que predicar bien sí importa, y nos lleva al último argumento.

3) Predicar bien la Palabra requiere darle la mayor importancia

Esta es una labor que demanda tiempo, esfuerzo y dedicación. Muchos jóvenes que comienzan a predicar piensan que por tener habilidades de comunicación, carisma y facilidad de palabra, la predicación será cosa fácil. Pero nunca resulta ser así. No hay atajos, por lo menos para los que lo toman como algo serio. Lamentablemente, los púlpitos de hoy están abarrotados por predicaciones huecas, vanas y humanistas; y por predicadores que, en palabras del hermano Paul Washer, "deberían pasar menos tiempo en el púlpito y más tiempo en su estudio". No hay poder, no se confronta el pecado, no se predica a Cristo. Cuando un pastor tiene llena su agenda de actividades, suele quitar tiempo de su estudio y comunión con Dios para dedicarlo a organizar eventos sociales; los eventos no son malos, pero la prioridad es la predicación. Los apóstoles tuvieron el mismo problema. Ellos tomaron la decisión correcta. Según Hechos 6:3-4, cuando se vieron abarrotados de actividades, buscaron hombres que se dedicaran a atender los asuntos logísticos de la iglesia, como atender mesas y servir a los hermanos, lo que conocemos como un diácono (Hch 6:2-3). Pero pusieron en alto su labor más importante: "Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra" (Hch 6:4). Por su parte, Pablo aconsejaba al joven predicador Timoteo: "Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza" (1 Ti 4:13); y si no fuera cosa difícil no le habría dicho: "Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren".

Con riesgo de sonar elitista, afirmo en base a las Escrituras, que predicar no es para cualquiera. Requiere un compromiso, sacrificio y deseo deliberado de aquel que se entrega a comunicar el mensaje de Dios. El peligro es grande. Todo aspirante a usar el púlpito debería temblar al recibir el llamado. Por ello, Santiago escribe: "Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación" (St 3:1).

A la vez, es uno de la mayores honores. Pablo expresa la importancia de la labor cuando escribe a Timoteo: "Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina"(2 Ti 4:1, énfasis añadido). Otras versiones dictan: "te encargo solemnemente...". La solemnidad del encargo habla de la importancia de la tarea. Si Dios te llamó, responde al llamado.. Pero pon tu mayor esfuerzo por hacerlo bien.

Conclusión

Nuestro enfoque como iglesia debe estar firme en hacer discípulos de todas la naciones, nuestra tarea suprema. Y dado que la Gran Comisión trata acerca de predicar, es necesario hacerlo, y hacerlo bien; por ello necesitamos darle la mayor importancia. Traigamos de vuelta los púlpitos al centro de la vida de nuestras iglesias.